sábado, 7 de febrero de 2009

Apuntes de Geomitología

Cefiríada: región inconcreta e intemporal que se extiende al oeste de todas las cosas, donde habita el céfiro o viento poniente.

Céfiro.
Según el Diccionario de la Real Academia Española: (Del lat. zephyrus, y este del gr. ζέφυρος). 1. m. Poniente (viento). 2. m. poét. Viento suave y apacible.

Céfiro (en griego Ζέφυρος Zéphyros).
Según la mitología helénica, era el dios del viento del oeste, hijo de Astreo y de Eos. Céfiro era el más suave de todos y se le conocía como el viento fructificador, mensajero de la primavera. Se creía que vivía en una cueva de Tracia.

En diferentes historias se narraba que Céfiro tenía varias esposas. Se decía que era el marido de su hermana Iris, la diosa del arco iris. Raptó a otra de sus hermanas, la diosa Cloris, a la que dio el dominio de las flores. Con Cloris fue padre de Carpo (‘fruta’). Se decía que había competido por el amor de Cloris con su hermano Bóreas, a quien terminó ganando. También se cuenta de él que con otra de sus hermanas y amantes, la arpía Podarge, fue padre de Balio y Janto, los caballos de Aquiles.

Uno de los mitos conservados en los que Céfiro aparece más prominentemente es el de Jacinto, un hermoso y atlético príncipe espartano. Céfiro se enamoró de él y le cortejó, al igual que Apolo. Ambos compitieron por el amor del muchacho, pero éste eligió a Apolo, haciendo que Céfiro enloqueciera de celos. Más tarde, al sorprenderlos practicando el lanzamiento de disco, Céfiro sopló una ráfaga de viento sobre ellos, haciendo que el disco golpease al muchacho en la cabeza al caer. Cuando Jacinto murió, Apolo creó la flor homónima con su sangre.

Otro mito cuenta que cuando la pira funeraria de Patroclo no pudo ser prendida, Aquiles prometió hacer sacrificios a los vientos y así Iris se apresuró a buscarlos, hallándolos dándose un festín en el palacio de Céfiro en Tracia. Bóreas y Céfiro, a instancias de Iris, cruzaron inmediatamente el mar tracio hasta Asia, haciendo que el fuego ardiera.

Se le representa como un hombre joven, con alas de mariposa o hada, sin barba, semidesnudo y descalzo, cubierto en parte por un manto sostenido entre sus manos, del cual lleva y va esparciendo una gran cantidad de flores.

Cefiríada es, pues, el lugar soñado, la onírica Arcadia que el maestro Garcilaso describía:

(...) en aquel prado allí nos reclinamos,
y del Céfiro fresco recogiendo
el agradable espíritu, respiramos.

Égloga II Garcilaso de la Vega.


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